"Tiempo" "LENGUAJE DE ADULTOS". PERO CON MI PROPIO LENGUAJE.
"Tiempo"
"LENGUAJE DE ADULTOS". PERO CON MI PROPIO LENGUAJE.
Llegas tarde esta tarde. Tu voz mientras entras se justifica con alguien que traes al teléfono diciéndole que el tráfico esta infernal y demorarás en llegar, yo sé que es mentira lo que dices. Me encuentras recostado en la mesa de la cocina y mi cara descansa sobre mi brazo derecho casi dormido esperándote.
Traes pocos minutos disponibles y será breve nuestro encuentro, te despides de él colgando de un golpe la llamada, al mismo tiempo tu mano acaricia la melena que he dejado crecer en mi cabello. Me besas y tiras tu celular en la cartera. Tu saludo es breve, conciso, directo.
-Hola.
No respondo con palabras, llevo mis manos a tu cintura y te abrazo buscando disfrutar los pocos minutos que puedes dedicarme. Él también te está esperando como yo, con la diferencia de que su espera, será más larga.
Pasas tus brazos sobre mi cuello y detienes tus labios en los míos. ¿Hasta cuándo será esto? Te pregunto, y me respondes con un gesto de tus manos arrancando de tu cuerpo la blusa que cubre el sostén con que tapas tus senos, no sale de ti una sola palabra, llevas de un impulso mi rostro al centro de tu pecho, te entregas, tus uñas recorren mi cabeza, aprietas mi respiración contra tus senos. La blusa azul que te adornaba ahora está sobre la mesa donde segundos antes mis ojos dormitaban. Sigues callada, solo un gemido delata que funciona tu garganta. Siento tus tacones caer en las losas del piso en un movimiento calculado de tus piernas, sobre mis muslos cae la tela pequeña que escondía tus pezones, solo queda en tu cuerpo un ajustado jeans que aprieta las carnes de tus muslos. Desesperas mis deseos, ya sé que no darás una respuesta a mi pregunta y en respuesta te lanzo sobre la mesa, arranco la mezclilla y dejo al aire la piel de tus caderas, un encaje sale junto al pantalón que antes usabas regalándome la imagen de la humedad que te posee, muevo con mis manos el adorno que está en el centro de la mesa y te recuesto, pierdo mi rostro al medio de tus piernas, bebo de ti cada sorbo del liquido que desprendes.
Los dos escuchamos tu teléfono sonando a la orilla de la mesa en de tu cartera, ninguno de los dos responde la llamada inoportuna, yo porque no puedo, tú porque no quieres. Gimes, yo bebo, tú mueves tu cintura al mismo ritmo de mis labios, yo muevo mis labios al mismo ritmo de tus ganas.
Tus senos amenazan romper la ley de gravedad sobre mi mesa, mis manos rompen la posibilidad de recorrerte recorriéndote.
Veo una hebilla de color rosa volar sobre mi cuerpo, tu pelo ahora esta suelto, tus manos apretadas contra mi pelo aprietan mis labios contra tus deseos, gritas, gimes, balbuceas frases de amor y de entrega. Yo me pierdo.
Vuelve a sonar tu teléfono y con una mano lanzo cartera y teléfono muy lejos de nosotros, tú, siquiera te das cuenta, el insiste en escucharte y yo insisto en poseerte. Gano la batalla entre los dos y con mis manos te levanto, ahora estas tirada en la alfombra y como loca me desvistes, salen de mi cuerpo las ropas que hasta hace momentos antes me tapaban del frio de la tarde, no me dejas penetrarte y me disfrutas, me dominas, me controlas, siento el frio de tus senos en mi espalda, siento tus labios en mi cuello, tus ganas en mis piernas, me recorres sin saber cómo termine entregándome a los designios de tu entrega.
Cierro los ojos y presiento el recorrido de tu boca, acierto cuando pienso que llegaras a mi ombligo, que sentiré tus mordidas arriba de mis muslos, que sentiré tus dedos acariciando el almacén de mis próximos hijos.
La alfombra está caliente y sin saber cómo mi cuerpo se da vuelta, mis ojos siguen cerrados y mis manos se mantienen inquietas, dos piernas se abren sobre mi cintura y todos mis nervios se centran en la humedad que ahora siento cuando la punta gruesa de mi carne entra en el laberinto de tu anhelo, llevo mis brazos hacia atrás y me desarmo, tu mueves tus caderas en círculos de muerte, yo muevo mis caderas buscando acompañarte, así estamos por minutos hasta que de la cúspide de todos tus gemidos nace el orgasmo femenino de tu entrega, siento en mis piernas correr el rio de tus ganas, se moja la alfombra, se moja el aire, se moja el grito que me lanzas.
No me aguanto, mis manos aprietan tu cintura, convulsiona cada uno de mis músculos, se centran mis cosquilleos en la mitad de mi cuerpo y me dejo llevar por tu mirada. Te lleno toda de mi esencia, el latido palpitante del mástil de mi barca de hombre te pone satisfecha. Entonces caes sobre mí y te delata la sonrisa que me brindas.
Han pasado los minutos que traías, en tu cartera el teléfono sigue insistiendo que sea respondido, te vistes apresurada, yo me quedo desnudo, casi en la puerta de la casa respondes la sexta llamada.
- Ya casi estoy llegando amor.
Yo hago silencio, me quedo donde estoy, tú me dices que te vas y con una seña de mis manos te pido; que regreses mañana….
"LENGUAJE DE ADULTOS". PERO CON MI PROPIO LENGUAJE.
Llegas tarde esta tarde. Tu voz mientras entras se justifica con alguien que traes al teléfono diciéndole que el tráfico esta infernal y demorarás en llegar, yo sé que es mentira lo que dices. Me encuentras recostado en la mesa de la cocina y mi cara descansa sobre mi brazo derecho casi dormido esperándote.
Traes pocos minutos disponibles y será breve nuestro encuentro, te despides de él colgando de un golpe la llamada, al mismo tiempo tu mano acaricia la melena que he dejado crecer en mi cabello. Me besas y tiras tu celular en la cartera. Tu saludo es breve, conciso, directo.
-Hola.
No respondo con palabras, llevo mis manos a tu cintura y te abrazo buscando disfrutar los pocos minutos que puedes dedicarme. Él también te está esperando como yo, con la diferencia de que su espera, será más larga.
Pasas tus brazos sobre mi cuello y detienes tus labios en los míos. ¿Hasta cuándo será esto? Te pregunto, y me respondes con un gesto de tus manos arrancando de tu cuerpo la blusa que cubre el sostén con que tapas tus senos, no sale de ti una sola palabra, llevas de un impulso mi rostro al centro de tu pecho, te entregas, tus uñas recorren mi cabeza, aprietas mi respiración contra tus senos. La blusa azul que te adornaba ahora está sobre la mesa donde segundos antes mis ojos dormitaban. Sigues callada, solo un gemido delata que funciona tu garganta. Siento tus tacones caer en las losas del piso en un movimiento calculado de tus piernas, sobre mis muslos cae la tela pequeña que escondía tus pezones, solo queda en tu cuerpo un ajustado jeans que aprieta las carnes de tus muslos. Desesperas mis deseos, ya sé que no darás una respuesta a mi pregunta y en respuesta te lanzo sobre la mesa, arranco la mezclilla y dejo al aire la piel de tus caderas, un encaje sale junto al pantalón que antes usabas regalándome la imagen de la humedad que te posee, muevo con mis manos el adorno que está en el centro de la mesa y te recuesto, pierdo mi rostro al medio de tus piernas, bebo de ti cada sorbo del liquido que desprendes.
Los dos escuchamos tu teléfono sonando a la orilla de la mesa en de tu cartera, ninguno de los dos responde la llamada inoportuna, yo porque no puedo, tú porque no quieres. Gimes, yo bebo, tú mueves tu cintura al mismo ritmo de mis labios, yo muevo mis labios al mismo ritmo de tus ganas.
Tus senos amenazan romper la ley de gravedad sobre mi mesa, mis manos rompen la posibilidad de recorrerte recorriéndote.
Veo una hebilla de color rosa volar sobre mi cuerpo, tu pelo ahora esta suelto, tus manos apretadas contra mi pelo aprietan mis labios contra tus deseos, gritas, gimes, balbuceas frases de amor y de entrega. Yo me pierdo.
Vuelve a sonar tu teléfono y con una mano lanzo cartera y teléfono muy lejos de nosotros, tú, siquiera te das cuenta, el insiste en escucharte y yo insisto en poseerte. Gano la batalla entre los dos y con mis manos te levanto, ahora estas tirada en la alfombra y como loca me desvistes, salen de mi cuerpo las ropas que hasta hace momentos antes me tapaban del frio de la tarde, no me dejas penetrarte y me disfrutas, me dominas, me controlas, siento el frio de tus senos en mi espalda, siento tus labios en mi cuello, tus ganas en mis piernas, me recorres sin saber cómo termine entregándome a los designios de tu entrega.
Cierro los ojos y presiento el recorrido de tu boca, acierto cuando pienso que llegaras a mi ombligo, que sentiré tus mordidas arriba de mis muslos, que sentiré tus dedos acariciando el almacén de mis próximos hijos.
La alfombra está caliente y sin saber cómo mi cuerpo se da vuelta, mis ojos siguen cerrados y mis manos se mantienen inquietas, dos piernas se abren sobre mi cintura y todos mis nervios se centran en la humedad que ahora siento cuando la punta gruesa de mi carne entra en el laberinto de tu anhelo, llevo mis brazos hacia atrás y me desarmo, tu mueves tus caderas en círculos de muerte, yo muevo mis caderas buscando acompañarte, así estamos por minutos hasta que de la cúspide de todos tus gemidos nace el orgasmo femenino de tu entrega, siento en mis piernas correr el rio de tus ganas, se moja la alfombra, se moja el aire, se moja el grito que me lanzas.
No me aguanto, mis manos aprietan tu cintura, convulsiona cada uno de mis músculos, se centran mis cosquilleos en la mitad de mi cuerpo y me dejo llevar por tu mirada. Te lleno toda de mi esencia, el latido palpitante del mástil de mi barca de hombre te pone satisfecha. Entonces caes sobre mí y te delata la sonrisa que me brindas.
Han pasado los minutos que traías, en tu cartera el teléfono sigue insistiendo que sea respondido, te vistes apresurada, yo me quedo desnudo, casi en la puerta de la casa respondes la sexta llamada.
- Ya casi estoy llegando amor.
Yo hago silencio, me quedo donde estoy, tú me dices que te vas y con una seña de mis manos te pido; que regreses mañana….
Extrañandote. (Lenguaje de adultos)
Extrañándote.
No sé cuál es el día; ni en qué mes estamos. Son casi las tres de la madrugada y la puerta de mi cueva se resiste a dejarse abrir por una de las llaves que encontré en mis bolsillos. El pasillo esta oscuro y da vueltas. Ni un solo vecino deambula a esa hora en el edificio, no tengo a quien pedirle ayuda. Mis manos tiemblan y mis ojos se cierran. Los zapatos con los que salí hace unas horas ya no cubren mis pies. Mi camisa esta sucia y desgarrada, mi pantalón hecho girones, tengo manchas de sangre en todo el pecho, debe ser por la bronca que acabo de tener en ese bar donde andaba; o por la caída que me di, botella en mano, escaleras abajo tratando de llegar a este tercer piso.
Estoy frente a mi puerta y no se abre. Me duele la cabeza. Mis piernas no quieren sostenerme. No reconozco los colores. Solo deseo dejarme caer en cualquier lugar de este apartamento y dormir hasta mañana. Desisto de abrir la puerta por las buenas y con la poca fuerza que me queda lanzo mi cuerpo contra la madera, el cierre gracias a Dios cede y con un segundo empujón logro entrar al basurero que me recibe. No me preocupo por cerrar de nuevo la puerta rota. No me importa.
Tropiezo con más de una botella vacía que anda por el piso, busco equilibrio apoyándome en el televisor que quedo en una esquina y que hace más de un mes no enciendo. Me detengo esperando que este apartamento deje de moverse; o al menos que mi cuerpo se acostumbre al terremoto que siento. Doy unos pasos hasta la cocina. Sobre la mesa encuentro una botella con algo de líquido dentro, no sé lo que es, no lo averiguo, aún así, la llevo a mi boca y dejo que unos sorbos recorran mi garganta. Me apoyo sobre la mesa y el mantel que dejaste se desmorona por el piso, arrastro con él todo lo que estaba sobre la mesa. El sonido de cristales rotos no me asusta.
Me levanto con trabajo pero al ponerme de pie mi cabeza es ahora la que da tumbos y vuelvo a caer al piso. A rastras llego a la puerta del cuarto. Una de mis manos la empuja, choca contra la pared, delante de mí, esta nuestra cama. Cierro de una vez los ojos para no ver tu fantasma sobre la sábana estrujada. Y me duermo, sobre la losa fría que aún conserva el brillo de tu limpieza….
No sé cuál es el día; ni en qué mes estamos. Son casi las tres de la madrugada y la puerta de mi cueva se resiste a dejarse abrir por una de las llaves que encontré en mis bolsillos. El pasillo esta oscuro y da vueltas. Ni un solo vecino deambula a esa hora en el edificio, no tengo a quien pedirle ayuda. Mis manos tiemblan y mis ojos se cierran. Los zapatos con los que salí hace unas horas ya no cubren mis pies. Mi camisa esta sucia y desgarrada, mi pantalón hecho girones, tengo manchas de sangre en todo el pecho, debe ser por la bronca que acabo de tener en ese bar donde andaba; o por la caída que me di, botella en mano, escaleras abajo tratando de llegar a este tercer piso.
Estoy frente a mi puerta y no se abre. Me duele la cabeza. Mis piernas no quieren sostenerme. No reconozco los colores. Solo deseo dejarme caer en cualquier lugar de este apartamento y dormir hasta mañana. Desisto de abrir la puerta por las buenas y con la poca fuerza que me queda lanzo mi cuerpo contra la madera, el cierre gracias a Dios cede y con un segundo empujón logro entrar al basurero que me recibe. No me preocupo por cerrar de nuevo la puerta rota. No me importa.
Tropiezo con más de una botella vacía que anda por el piso, busco equilibrio apoyándome en el televisor que quedo en una esquina y que hace más de un mes no enciendo. Me detengo esperando que este apartamento deje de moverse; o al menos que mi cuerpo se acostumbre al terremoto que siento. Doy unos pasos hasta la cocina. Sobre la mesa encuentro una botella con algo de líquido dentro, no sé lo que es, no lo averiguo, aún así, la llevo a mi boca y dejo que unos sorbos recorran mi garganta. Me apoyo sobre la mesa y el mantel que dejaste se desmorona por el piso, arrastro con él todo lo que estaba sobre la mesa. El sonido de cristales rotos no me asusta.
Me levanto con trabajo pero al ponerme de pie mi cabeza es ahora la que da tumbos y vuelvo a caer al piso. A rastras llego a la puerta del cuarto. Una de mis manos la empuja, choca contra la pared, delante de mí, esta nuestra cama. Cierro de una vez los ojos para no ver tu fantasma sobre la sábana estrujada. Y me duermo, sobre la losa fría que aún conserva el brillo de tu limpieza….
Una luz verde encendida. (Lenguaje de adultos)
Una luz verde encendida.
Cada noche durante el último mes la veía
conectada, una luz verde a la derecha de mi ordenador me decía que ella estaba
esperando un mensaje que saliera de mi
teclado diciéndole "hola" , pero nunca lo hice durante el último mes,
no me atrevía. Miraba sus fotos y me
quedaba extasiado en ellas, su luz verde seguía diciéndome que le dijera
algo, que me lanzara a su conquista,
pero mis ejércitos de miedos me impedían
ordenar el ataque de mis fuerzas. Hasta una noche...
Me había tomado esa tarde unos tragos de
más, con algunos amigos en un bar cercano, les hablé de ella y de sus fotos, de
su luz verde encendida cada noche y ellos se habían reído a carcajadas de mi
cobardía. -No tienes nada que perder- Me decían mientras la mesera traía otra
jarra de cerveza. Y lo hice.
Llegué a casa a eso de las diez de la
noche y encendí mi computador buscándola, ella estaba allí como cada noche,
encendida detrás de una luz verde. Mis dedos temblaron cuando escribí mi
primera palabra. "Hola" Pasaron dos minutos, en los que mi corazón
cabalgaba sin frenos, hasta que vi una gaviota negra avisándome que ella había
visto aquel mensaje, casi sale de mi pecho mi corazón cuando el monitor de mi
PC avisó que ella escribía una respuesta.
Aquellos segundos se volvieron eternos, hasta que sus palabras
aparecieron delante de mis ojos:
"Hola"
Me demoré en responder. La verdad no
sabía que escribir, mientras lo pensaba y borraba una y otra vez lo que salía
de mis manos ella envió otro mensaje:
Cómo
estás??
Escribí "Bien" y di Enter en mi
teclado sin imaginar que aquella palabra seria el principio de una noche
mágica.
Después de aquello la conversación en
aquel chat siguió, ella me hizo algunas preguntas que contesté lo mejor que
pude; y yo, (Gracias al alcohol que tenía en la sangre) le hice otras que ella
contestó escudada en su prudencia. Hasta que mencionó su desvelo y su
aburrimiento, en ese momento me tiré a fondo: Quieres compañía? Te gusta el vino rojo o blanco?? Y me respondió
que sí, que quería compañía y que el vino le gustaba rojo. Y seguido a eso, me
dijo que era soltera y que tenia novio,
pero su novio no estaba, que él
viajaba mucho, que se sentía sola en noches como aquella, y yo pensé en mi
suerte, escribiendo aquel "Hola" aquella justa noche.
Le dije que una botella de vino rojo,
moría dentro de mi nevera esperando que una chica la abriera y la tomara, que
unas copas de vidrio fino y transparente esperaban que alguien las usara y que
yo también estaba desvelado y solo. Su respuesta fue un último mensaje: "Dame tu dirección" Escribió. Y se la di.
Llegó a mi apartamento en veinte
minutos, pensé que el trafico de la ciudad
a esas horas estaría suave, o que vivía cerca, cuando llegó comprobé que era igual a sus
fotos de facebook, bella, su cintura era pequeña, su piel era blanca y tersa,
sus ojos brillaban con la luz de la luna,
su sonrisa alumbraba el balcón
donde la invité a sentarse. Ella estaba nerviosa, temblaba, pude sentirlo y para
tranquilizarla serví dos copas de vino y
puse una en sus manos. No apuré el momento, ya estaba allí, en mi balcón,
conmigo.
La botella de vino se terminó y abrimos
la segunda, ya había entrado la madrugada y seguíamos los dos buscando ese
espacio de confianza donde cada uno es uno mismo y se lanza al abismo de la
suerte. Tengo calor. -Le dije- Ella me
respondió despreocupada que no tuviera pena y que podía quitarme la camisa, en
fin, ella también tenia calor y se quitaría la blusa roja que cubría sus
pechos, que a esas horas nadie nos vería,
que se sentía cómoda conmigo.
Y lo hizo, se quitó la blusa roja y me enseñó los pechos, redondos, rojos como la blusa, firmes como un
soldado en batalla, lujuriosos. Escondí como pude la reacción de mi
entrepierna, disimule sin saber cómo, lo
erecto de mi hombría, pero fue en vano, ella era mucho más valiente que yo y tenía deseos... y cuando una mujer tiene
deseos, nada la detiene.
Sin decir nada se puso de pie en mi balcón, con las luces de
la ciudad dándole en la espalda, frente a mí,
despojó de sus piernas la ropa que las cubría, quedándose desnuda, enteramente
desnuda, tomó su copa de vino y la dejó
caer por su piel, correr entre sus senos, dejó que el vino rojo llegara al
centro de su piernas mojando con él, el clítoris desafiante que apuntaba a mis
ojos. Me quedé petrificado, congelado, como piedra convertida en estatua ante
aquello que ella hacía, hasta que ella misma me sacó de mi letargo:
-Qué esperas para quedarte desnudo? -Me
dijo.
Me vi obligado a responderle con la
verdad.
-Estoy excitado por verte así, si me
quito la ropa y ves lo excitado que estoy sentiré pena, porque de verás estoy
muy excitado.
-Hazlo, quiero verte. -Me respondió
mirándome a los ojos, desnuda y dejando caer más vino por su piel.
!Carajos! no me quedó de otra, tuve que
hacerlo. Me desnudé.
En efecto estaba excitado, muy excitado;
y eso a ella le encantó, se lanzó sobre mi desnudez y me atacó como si fuera una leona en celo,
tomó mi miembro entre sus manos y lo mordió con sus labios, despegaba su rostro
y lo miraba para después volverlo a morder sin hacerme daño. Sus diez dedos
envolvían aquello que había despertado entre mis piernas y aún así, mi amigo se
resistía a esconderse, su cabeza seguía apareciendo por mucho que ella trataba
de cubrirlo. Detrás de nosotros, la
ciudad se dibujaba en mi balcón, repleta de luces, ella estaba desnuda y yo
excitado, abrí mis piernas y las apoyé en la baranda de metal que impedía que
su cuerpo cayera al vacio, ella estaba justo al medio del triángulo que yo
había formado entre mis pies y la baranda, agachada con sus rodillas en el piso y sus pezones a
la altura de mis testículos. Desde mi lugar
solo veía sus ojos brillando con la luna mientras analizaban porque flanco
morder y saborear mi miembro, las luces de la ciudad opacando mi vista, la
sensación de su lengua recorriendo mis deseos, el olor a vino de su cuerpo, la baranda de metal, mis piernas abiertas, yo
desnudo, ella también, la ciudad, las luces, su lengua, mis piernas, sus
mordidas, sus diez dedos, mi cabeza....
la cabeza... aquella cabeza....
Casi grito, pero ella puedo notar que
casi grito y soltó mi miembro, entonces
subió y me besó, fue un beso largo, lleno de pecado, con el que escondió su movimiento. Ella me
besaba y mientras lo hacía, pasaba una
de sus piernas por encima de las mías para abrirse a horcajadas sobre mi y
enterrarse en mi mástil hasta el fondo de todos los mares
que ella navegaba en su locura. Comenzó
a mover su cintura igual a las
manecillas de un reloj apurado, me arañaba el cuello mientras retorcía su
cabeza al vacio de una noche, se encajaba en mi
al mismo tiempo que su torso se regalaba en mi balcón. Yo podía ver su
pecho desnudo... desnudo... !Desnudo!
Mordí uno de sus pezones sin que ella lo
esperara y mi mordida la hizo gemir. !Le gustaba! Seguí mordiendo, de una forma
suave, lenta, dejando que el filo de mis dientes acariciara la piel oscura del
circulo obscuro al medio de sus senos, ella continuaba como las manecillas del
reloj, dando vueltas en círculos continuos encajada en mi, tragándose mi
miembro con su cuerpo, sus manos alrededor de mi cuello, aferrándose a la
entrega de una noche que nos regalaba las luces de una ciudad que se volvía
nuestro cómplice.
De repente, ella detuvo su cuerpo,
poniéndose de pie y virándose de espaldas a mí, sus dos brazos se abrieron como
un arco y se apoyaron en la baranda de metal donde un rato antes yo había
apoyado mis piernas. -Penétrame y muérdeme la espalda al mismo tiempo- Me
pidió. Y lo hice. Ahora las luces de la
ciudad alumbraban la piel de su espalda
y más abajo. Con mis manos la tomé por el talle y la penetré con ganas, con las
ganas acumuladas de tantas noches esperándola detrás de una luz verde. Sus
senos al viento, de frente al vacio, me volvieron loco, sentirla mojada y
disfrutando me hizo caer en la perdición de su aventura, saberme dentro de ella
fue un viaje al paraíso prometido del deseo, el olor a vino de su piel, su pelo
suelto provocando mi erección, su espalda desnuda... desnuda... !Desnuda!
Cómo lo supo no lo sé, pero estoy seguro
de que logró leer mi mente, justo cuando
esa idea deambulaba por mi cabeza, ella llevó su mano derecha hasta el musculo
que es bandera de mi hombría y lo tomó, de una forma segura lo tomó; y lo llevó
al punto secreto, al orificio oculto de todos sus orgasmos. No tuve que hacer
nada, solo mantener el contoneo de mi cuerpo, ella sola empujó sus glúteos contra mis caderas hasta que otra
vez me sentí dentro de ella, pero en otro lugar, más ajustado, más caliente,
más loco aún que ella misma.
Fue la gloria, sus gemidos me hicieron
temer que despertaran los vecinos, las manecillas del reloj de su lujuria aceleraron
el ritmo de sus ganas, un líquido viscoso comenzó a correr por entre mis muslos
en la misma manera que sus gritos me decían que estaba llegando al éxtasis
máximo de su aventura, la forma en que
su cintura convulsionaba confirmó que había logrado complacerla. Y saberlo,
hizo que depositara en aquel orificio prohibido el extracto de mi yo, de mi
deseo, de mi espera.
Mis rodillas se doblaron, su cintura se
tranquilizó. Nos quedamos unos minutos en el balcón, juntos, desnudos, sin
decirnos nada.
Después se fue de la misma forma que llegó. No hubo despedidas, ni
compromisos de una nueva cita, no quedamos en nada.
Al otro día, cuando desperté fui directo
a mi computador a buscar su luz verde, ella no estaba, entré a su página
personal, había dejado una foto de ella y su novio y un post que me lleno de dudas:
Hoy
llega mi amor, lo espero con ansias... Decía. Yo... Yo solo le di un like y
seguí mirando su luz verde apagada.
5 Poemas.
Si
yo pudiera.
Si
yo tuviera en mis manos la tristeza,
si
fuera mía la llave de todos los amaneceres,
si
pudiera mover el sol,
con
un simple gesto de mis manos,
para
dar luz a aquel que en la oscuridad
muere.
Si
yo tuviera un trozo de misterio atado al
cuello,
una
ráfaga de viento cubriéndome la espalda.
Si
fuero yo el dueño del fuego,
el
hacedor de amores, el Dios de la nostalgia.
Si
yo tuviera de paz, sembrados llenos,
si
fueran mías todas las guitarras…
O
las arpas,
esas
que deciden quién se queda o quien se va.
Si
yo pudiera dominar el camino de las
balas de la muerte,
si
el Dios de todos fuera amigo mío,
tal
vez habría menos lágrimas.
Si
yo pudiera conjurar rituales nuevos,
pintar
el mundo de símbolos y marcas,
guiar
a todos a un abrazo.
Si
yo pudiera poner en las manos de un niño,
un
lápiz del color de la piel de esperanza,
para
pintar nuevas fronteras
y
hacerlas respetar,
sin
necesidad de un uniforme o de una
alianza.
Si
yo pudiera obligar a todos al perdón,
yo
usaría la magia para hacer llorar con sinceridad al asesino,
sobre
una tumba, sobre un recuerdo,
sobre
los pies de un huérfano que pide la
venganza.
Si
yo pudiera…
Cambiar
a mis antojos el destino de quien llora,
repartir
alforjas llenas de confianza.
Pero
yo no puedo…
Yo
no puedo,
yo
solo tengo letras y añoranzas.
No
sé… No sé aún…
No
sé qué libro te dio vida,
en
qué historia te hiciste realidad
si naciste
de mis manos,
y
te escribí con sangre de mi herida.
No
sé qué verso te dejo desnuda,
en
que párrafo infernal
hicimos
el amor como dos diablos
en
que verso penetre tu amor a obscuras.
No
sé cómo lograste envolverte la cintura
con
una de mis páginas escritas de deseo.
No
sé…
No
sé cómo lograste abrir las piernas
y
dejar que yo escribiera en tu hermosura,
como le hiciste para llenar de tu lujuria…
mis
poemas, mis noches y mi pluma.
No
sé cómo le hiciste
que letras usaste para detener mi mástil
en
el gemido final de tu bravura.
No
sé qué libro te dio vida.
no
sé cuál de los poemas que no he escrito…
Te
brindará la eternidad de mi locura.
MUÉSTRATE
DESNUDA…
(Poema
erótico)
Muéstrate
desnuda…
Como
Dios te trajo al mundo deja tu alma
delante de mis manos.
No
abras las piernas…
Es
muy pronto aún para despertar anhelos y pecados.
Este
poema solo empieza, está naciendo el primer verso,
pero…
ya muéstrate desnuda…
Como
un ángel lujurioso que ha escapado.
No temas…
No
está en mis planes mancillar lo perfecto de tus curvas,
no
pretendo recorrer con la punta de mis dedos tu entrepierna,
no
es mi deseo beber el líquido de
amor que te enloquece,
ni
despertar la fiera nauseabunda que en mi inverna.
Pero…
ya desnúdate y camina por mi alma,
sin
nada que te cubra los secretos,
sin
algo que te oculte la esperanza.
Muéstrate desnuda…
Regálale
un orgasmo a mi mirada,
ofende
la humedad de mis palabras
con
la punta retadora de tus senos,
amenaza
con tu cuerpo y tu inocencia,
la
magia de amarte en tanta calma.
Muéstrate
desnuda…
Como
un pétalo, como el viento, como un ala
y
no abras las piernas que quiero terminar este poema,
antes
de hacer mía tu maldad enamorada.
MI
PROPIO PADRE NUESTRO.
Padre
nuestro que estás en el cielo...
Abre
al final de todos mis intentos una puerta
de
las miles que he tocado,
no
para entrar por ella...
no...
solo
quiero que dejes que una brisa
se
cuele por la hendija y me refresque los temores.
No
cargues mis errores y pecados...
Soy
culpable.
Solo
dame la oportunidad de corregirlos sin que medie de por medio
la
humillación o la desdicha,
dame
aliento para no perder la fuerza...
Y
esperanza...
Pon
en mi alma un poco de fe cuando la pierda,
un
poco de aire cuando piense que no podré dar un nuevo paso,
trae
un amigo que me escuche,
cuando
me convenza de que todo está perdido,
has
brotar mis lágrimas cuando duelan mis heridas
pero
no permites nunca...
que
germine en mi pecho la venganza.
Padre
nuestro que me miras desde el alba,
No
te pido la luz que no preciso,
solo
quiero aquella necesaria para no confundir,
donde
pongo mis pies cuando camino.
Líbrame
de aquel que apoya en mi hombro
su
mano repleta de estiércol y de odios.
Libérame
de malos y absurdos pensamientos.
Y
mis castigos...
Esos
no los perdones...
Los
merezco.
Por
última vez.
Por
última vez…
Tatúa
sobre mis tatuajes nuevas rutas,
escribe
las orillas de mi pelo,
acaricia
la cicatriz de aquel puñal
olvidado y lejano.
Por
última vez…
Firma
con tu nombre cada una de mis venas,
redúceme
a un recuerdo,
divídeme
las ansias,
destrúyeme
a besos el futuro.
Por
última vez…
Quiero
comprobar que el ancho de tus piernas abiertas,
es
la medida exacta en mi cintura
que
tus labios son los mismos
que
tus gemidos aún nacen en mis manos.
Por
última vez…
Deja
caer sobre mi cama tu piel,
Quiero
mirarme en tus ojos,
cuando
llega el cielo a tus orgasmos,
sentir
que eres culpable de todos mis deseos,
de
mis olvidos,
por
última vez…
Por
última vez…
En
este final que es principio de un abismo,
Hazme
el amor… Y luego márchate.
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