5 Poemas.



Si yo pudiera.

Si yo tuviera en mis manos la tristeza,
si fuera mía la llave de todos los amaneceres,
si pudiera mover el sol,
con un simple gesto de mis manos,
para dar luz  a aquel que en la oscuridad muere.

Si yo tuviera un trozo de misterio  atado al cuello,
una ráfaga de viento cubriéndome la espalda.
Si fuero yo el dueño  del fuego,
el hacedor de amores, el Dios de la nostalgia.

Si yo tuviera de paz,  sembrados llenos,
si fueran mías todas las guitarras…
O las arpas,
esas que deciden quién se queda o quien se va.
Si yo pudiera  dominar el camino de las balas de la muerte,
si el Dios de todos fuera amigo mío,
tal vez  habría menos lágrimas.

Si yo pudiera conjurar rituales nuevos,
pintar el mundo de símbolos y marcas,
guiar a todos a un abrazo.
Si yo pudiera poner en las manos de un niño,
un lápiz del color  de la piel  de esperanza,
para pintar nuevas fronteras
y hacerlas respetar,
sin necesidad de un uniforme o de una  alianza.

Si yo pudiera obligar a todos al perdón,
yo usaría la magia para hacer llorar con sinceridad al asesino,
sobre una  tumba,  sobre un recuerdo,
sobre los pies de un huérfano que pide  la venganza.


Si yo pudiera…
Cambiar a mis antojos el destino de quien llora,
repartir alforjas llenas de confianza.
Pero yo no puedo…
Yo no puedo,
yo solo tengo letras y añoranzas.





No sé… No sé aún…

No sé qué libro te dio vida,
en qué historia te hiciste realidad
                                    si naciste de mis manos,
y te escribí con sangre de mi herida.

No sé qué  verso te dejo desnuda,
en que párrafo infernal
hicimos el amor como dos diablos
en que verso penetre tu amor a obscuras.

No sé  cómo lograste envolverte la cintura
con una de mis páginas escritas de deseo.

No sé…
No sé cómo lograste abrir las piernas
y dejar que yo escribiera  en tu hermosura,
como  le hiciste para llenar de tu lujuria…
mis poemas, mis noches y mi pluma.

No sé cómo  le hiciste
que  letras usaste para detener mi mástil
en el gemido final de tu bravura.

No sé qué libro te dio vida.
no sé cuál de los poemas que no he escrito…
Te brindará la eternidad de mi locura. 




MUÉSTRATE DESNUDA…
(Poema erótico)

Muéstrate desnuda…
Como Dios te trajo al mundo deja tu alma  delante de mis manos.
No abras las piernas…
Es muy pronto aún para despertar anhelos y pecados.
Este poema solo empieza, está naciendo el primer verso,
pero… ya muéstrate desnuda…
Como un ángel lujurioso que ha escapado.

 No temas…
No está en mis planes mancillar lo perfecto de tus curvas,
no pretendo recorrer con la punta de mis dedos tu entrepierna,
no es mi deseo beber  el  líquido de  amor que te enloquece,
ni despertar la fiera nauseabunda que en mi inverna.
Pero… ya desnúdate y camina  por mi alma,
sin nada que te cubra los secretos,
sin algo que te oculte la esperanza.

Muéstrate  desnuda…
Regálale un orgasmo a mi mirada,
ofende la humedad de mis palabras
con la punta retadora de tus senos,
amenaza con tu cuerpo y tu inocencia,
la magia de amarte en  tanta calma.

Muéstrate desnuda…
Como un pétalo, como el viento, como un ala
y no abras las piernas que quiero terminar este poema,
antes de hacer mía tu maldad enamorada. 





MI PROPIO PADRE NUESTRO.


 Padre nuestro que estás en el cielo...

Abre al final de todos mis intentos una puerta
de las miles que he tocado,
no para entrar por ella...
no...
solo quiero que dejes que una brisa
se cuele por la hendija y me refresque los temores.

No cargues mis errores y pecados...
Soy culpable.
Solo dame la oportunidad de corregirlos sin que medie de por medio
la humillación o la desdicha,
dame aliento para no perder la fuerza...
Y esperanza...

Pon en mi alma un poco de fe cuando la pierda,
un poco de aire cuando piense que no podré dar un nuevo paso,
trae un amigo que me escuche,
cuando me convenza de que todo está perdido,
has brotar mis lágrimas cuando duelan mis heridas
pero no permites nunca...
que germine en mi pecho la venganza.

Padre nuestro que me miras desde el alba,
No te pido la luz que no preciso,
solo quiero aquella necesaria para no confundir, 
donde pongo mis pies cuando camino.

Líbrame de aquel que apoya en mi hombro
su mano repleta de estiércol y de odios.
Libérame de malos y absurdos pensamientos.

Y mis castigos...
Esos no los perdones...
Los merezco.






Por última vez.


Por última vez…
Tatúa sobre mis tatuajes nuevas rutas,
escribe las orillas de mi pelo,
acaricia la cicatriz de aquel puñal
                                               olvidado y lejano.

Por última vez…
Firma con tu nombre cada una de mis venas,
redúceme a un recuerdo,
divídeme las ansias,
destrúyeme a besos el futuro.

Por última vez…
Quiero comprobar que el ancho de tus piernas abiertas,
es la medida exacta en mi cintura
que tus labios son los mismos
que tus gemidos aún nacen en mis manos.

Por última vez…
Deja caer sobre mi cama tu piel,
Quiero mirarme en tus ojos,
cuando llega el cielo a tus orgasmos,
sentir que eres culpable de todos mis deseos,
de mis olvidos,
por última vez…

Por última vez…
En este final  que es principio de un abismo,
Hazme el amor… Y luego márchate.