Si
yo pudiera.
Si
yo tuviera en mis manos la tristeza,
si
fuera mía la llave de todos los amaneceres,
si
pudiera mover el sol,
con
un simple gesto de mis manos,
para
dar luz a aquel que en la oscuridad
muere.
Si
yo tuviera un trozo de misterio atado al
cuello,
una
ráfaga de viento cubriéndome la espalda.
Si
fuero yo el dueño del fuego,
el
hacedor de amores, el Dios de la nostalgia.
Si
yo tuviera de paz, sembrados llenos,
si
fueran mías todas las guitarras…
O
las arpas,
esas
que deciden quién se queda o quien se va.
Si
yo pudiera dominar el camino de las
balas de la muerte,
si
el Dios de todos fuera amigo mío,
tal
vez habría menos lágrimas.
Si
yo pudiera conjurar rituales nuevos,
pintar
el mundo de símbolos y marcas,
guiar
a todos a un abrazo.
Si
yo pudiera poner en las manos de un niño,
un
lápiz del color de la piel de esperanza,
para
pintar nuevas fronteras
y
hacerlas respetar,
sin
necesidad de un uniforme o de una
alianza.
Si
yo pudiera obligar a todos al perdón,
yo
usaría la magia para hacer llorar con sinceridad al asesino,
sobre
una tumba, sobre un recuerdo,
sobre
los pies de un huérfano que pide la
venganza.
Si
yo pudiera…
Cambiar
a mis antojos el destino de quien llora,
repartir
alforjas llenas de confianza.
Pero
yo no puedo…
Yo
no puedo,
yo
solo tengo letras y añoranzas.
No
sé… No sé aún…
No
sé qué libro te dio vida,
en
qué historia te hiciste realidad
si naciste
de mis manos,
y
te escribí con sangre de mi herida.
No
sé qué verso te dejo desnuda,
en
que párrafo infernal
hicimos
el amor como dos diablos
en
que verso penetre tu amor a obscuras.
No
sé cómo lograste envolverte la cintura
con
una de mis páginas escritas de deseo.
No
sé…
No
sé cómo lograste abrir las piernas
y
dejar que yo escribiera en tu hermosura,
como le hiciste para llenar de tu lujuria…
mis
poemas, mis noches y mi pluma.
No
sé cómo le hiciste
que letras usaste para detener mi mástil
en
el gemido final de tu bravura.
No
sé qué libro te dio vida.
no
sé cuál de los poemas que no he escrito…
Te
brindará la eternidad de mi locura.
MUÉSTRATE
DESNUDA…
(Poema
erótico)
Muéstrate
desnuda…
Como
Dios te trajo al mundo deja tu alma
delante de mis manos.
No
abras las piernas…
Es
muy pronto aún para despertar anhelos y pecados.
Este
poema solo empieza, está naciendo el primer verso,
pero…
ya muéstrate desnuda…
Como
un ángel lujurioso que ha escapado.
No temas…
No
está en mis planes mancillar lo perfecto de tus curvas,
no
pretendo recorrer con la punta de mis dedos tu entrepierna,
no
es mi deseo beber el líquido de
amor que te enloquece,
ni
despertar la fiera nauseabunda que en mi inverna.
Pero…
ya desnúdate y camina por mi alma,
sin
nada que te cubra los secretos,
sin
algo que te oculte la esperanza.
Muéstrate desnuda…
Regálale
un orgasmo a mi mirada,
ofende
la humedad de mis palabras
con
la punta retadora de tus senos,
amenaza
con tu cuerpo y tu inocencia,
la
magia de amarte en tanta calma.
Muéstrate
desnuda…
Como
un pétalo, como el viento, como un ala
y
no abras las piernas que quiero terminar este poema,
antes
de hacer mía tu maldad enamorada.
MI
PROPIO PADRE NUESTRO.
Padre
nuestro que estás en el cielo...
Abre
al final de todos mis intentos una puerta
de
las miles que he tocado,
no
para entrar por ella...
no...
solo
quiero que dejes que una brisa
se
cuele por la hendija y me refresque los temores.
No
cargues mis errores y pecados...
Soy
culpable.
Solo
dame la oportunidad de corregirlos sin que medie de por medio
la
humillación o la desdicha,
dame
aliento para no perder la fuerza...
Y
esperanza...
Pon
en mi alma un poco de fe cuando la pierda,
un
poco de aire cuando piense que no podré dar un nuevo paso,
trae
un amigo que me escuche,
cuando
me convenza de que todo está perdido,
has
brotar mis lágrimas cuando duelan mis heridas
pero
no permites nunca...
que
germine en mi pecho la venganza.
Padre
nuestro que me miras desde el alba,
No
te pido la luz que no preciso,
solo
quiero aquella necesaria para no confundir,
donde
pongo mis pies cuando camino.
Líbrame
de aquel que apoya en mi hombro
su
mano repleta de estiércol y de odios.
Libérame
de malos y absurdos pensamientos.
Y
mis castigos...
Esos
no los perdones...
Los
merezco.
Por
última vez.
Por
última vez…
Tatúa
sobre mis tatuajes nuevas rutas,
escribe
las orillas de mi pelo,
acaricia
la cicatriz de aquel puñal
olvidado y lejano.
Por
última vez…
Firma
con tu nombre cada una de mis venas,
redúceme
a un recuerdo,
divídeme
las ansias,
destrúyeme
a besos el futuro.
Por
última vez…
Quiero
comprobar que el ancho de tus piernas abiertas,
es
la medida exacta en mi cintura
que
tus labios son los mismos
que
tus gemidos aún nacen en mis manos.
Por
última vez…
Deja
caer sobre mi cama tu piel,
Quiero
mirarme en tus ojos,
cuando
llega el cielo a tus orgasmos,
sentir
que eres culpable de todos mis deseos,
de
mis olvidos,
por
última vez…
Por
última vez…
En
este final que es principio de un abismo,
Hazme
el amor… Y luego márchate.




