"Tiempo" "LENGUAJE DE ADULTOS". PERO CON MI PROPIO LENGUAJE.


"Tiempo"
"LENGUAJE DE ADULTOS". PERO CON MI PROPIO LENGUAJE.

Llegas tarde esta tarde. Tu voz mientras entras se justifica con alguien que traes al teléfono diciéndole que el tráfico esta infernal y demorarás en llegar, yo sé que es mentira lo que dices. Me encuentras recostado en la mesa de la cocina y mi cara descansa sobre mi brazo derecho casi dormido esperándote.
Traes pocos minutos disponibles y será breve nuestro encuentro, te despides de él colgando de un golpe la llamada, al mismo tiempo tu mano acaricia la melena que he dejado crecer en mi cabello. Me besas y tiras tu celular en la cartera. Tu saludo es breve, conciso, directo.
-Hola.
No respondo con palabras, llevo mis manos a tu cintura y te abrazo buscando disfrutar los pocos minutos que puedes dedicarme. Él también te está esperando como yo, con la diferencia de que su espera, será más larga.
Pasas tus brazos sobre mi cuello y detienes tus labios en los míos. ¿Hasta cuándo será esto? Te pregunto, y me respondes con un gesto de tus manos arrancando de tu cuerpo la blusa que cubre el sostén con que tapas tus senos, no sale de ti una sola palabra, llevas de un impulso mi rostro al centro de tu pecho, te entregas, tus uñas recorren mi cabeza, aprietas mi respiración contra tus senos. La blusa azul que te adornaba ahora está sobre la mesa donde segundos antes mis ojos dormitaban. Sigues callada, solo un gemido delata que funciona tu garganta. Siento tus tacones caer en las losas del piso en un movimiento calculado de tus piernas, sobre mis muslos cae la tela pequeña que escondía tus pezones, solo queda en tu cuerpo un ajustado jeans que aprieta las carnes de tus muslos. Desesperas mis deseos, ya sé que no darás una respuesta a mi pregunta y en respuesta te lanzo sobre la mesa, arranco la mezclilla y dejo al aire la piel de tus caderas, un encaje sale junto al pantalón que antes usabas regalándome la imagen de la humedad que te posee, muevo con mis manos el adorno que está en el centro de la mesa y te recuesto, pierdo mi rostro al medio de tus piernas, bebo de ti cada sorbo del liquido que desprendes.
Los dos escuchamos tu teléfono sonando a la orilla de la mesa en de tu cartera, ninguno de los dos responde la llamada inoportuna, yo porque no puedo, tú porque no quieres. Gimes, yo bebo, tú mueves tu cintura al mismo ritmo de mis labios, yo muevo mis labios al mismo ritmo de tus ganas.
Tus senos amenazan romper la ley de gravedad sobre mi mesa, mis manos rompen la posibilidad de recorrerte recorriéndote.
Veo una hebilla de color rosa volar sobre mi cuerpo, tu pelo ahora esta suelto, tus manos apretadas contra mi pelo aprietan mis labios contra tus deseos, gritas, gimes, balbuceas frases de amor y de entrega. Yo me pierdo.
Vuelve a sonar tu teléfono y con una mano lanzo cartera y teléfono muy lejos de nosotros, tú, siquiera te das cuenta, el insiste en escucharte y yo insisto en poseerte. Gano la batalla entre los dos y con mis manos te levanto, ahora estas tirada en la alfombra y como loca me desvistes, salen de mi cuerpo las ropas que hasta hace momentos antes me tapaban del frio de la tarde, no me dejas penetrarte y me disfrutas, me dominas, me controlas, siento el frio de tus senos en mi espalda, siento tus labios en mi cuello, tus ganas en mis piernas, me recorres sin saber cómo termine entregándome a los designios de tu entrega.
Cierro los ojos y presiento el recorrido de tu boca, acierto cuando pienso que llegaras a mi ombligo, que sentiré tus mordidas arriba de mis muslos, que sentiré tus dedos acariciando el almacén de mis próximos hijos.
La alfombra está caliente y sin saber cómo mi cuerpo se da vuelta, mis ojos siguen cerrados y mis manos se mantienen inquietas, dos piernas se abren sobre mi cintura y todos mis nervios se centran en la humedad que ahora siento cuando la punta gruesa de mi carne entra en el laberinto de tu anhelo, llevo mis brazos hacia atrás y me desarmo, tu mueves tus caderas en círculos de muerte, yo muevo mis caderas buscando acompañarte, así estamos por minutos hasta que de la cúspide de todos tus gemidos nace el orgasmo femenino de tu entrega, siento en mis piernas correr el rio de tus ganas, se moja la alfombra, se moja el aire, se moja el grito que me lanzas.
No me aguanto, mis manos aprietan tu cintura, convulsiona cada uno de mis músculos, se centran mis cosquilleos en la mitad de mi cuerpo y me dejo llevar por tu mirada. Te lleno toda de mi esencia, el latido palpitante del mástil de mi barca de hombre te pone satisfecha. Entonces caes sobre mí y te delata la sonrisa que me brindas.
Han pasado los minutos que traías, en tu cartera el teléfono sigue insistiendo que sea respondido, te vistes apresurada, yo me quedo desnudo, casi en la puerta de la casa respondes la sexta llamada.
- Ya casi estoy llegando amor.
Yo hago silencio, me quedo donde estoy, tú me dices que te vas y con una seña de mis manos te pido; que regreses mañana….