Extrañandote. (Lenguaje de adultos)


Extrañándote.


No sé cuál es el día; ni en qué mes estamos. Son casi las tres de la madrugada y la puerta de mi cueva se resiste a dejarse abrir por una de las llaves que encontré en mis bolsillos. El pasillo esta oscuro y da vueltas. Ni un solo vecino deambula a esa hora en el edificio, no tengo a quien pedirle ayuda. Mis manos tiemblan y mis ojos se cierran. Los zapatos con los que salí hace unas horas ya no cubren mis pies. Mi camisa esta sucia y desgarrada, mi pantalón hecho girones, tengo manchas de sangre en todo el pecho, debe ser por la bronca que acabo de tener en ese bar donde andaba; o por la caída que me di, botella en mano, escaleras abajo tratando de llegar a este tercer piso.
Estoy frente a mi puerta y no se abre. Me duele la cabeza. Mis piernas no quieren sostenerme. No reconozco los colores. Solo deseo dejarme caer en cualquier lugar de este apartamento y dormir hasta mañana. Desisto de abrir la puerta por las buenas y con la poca fuerza que me queda lanzo mi cuerpo contra la madera, el cierre gracias a Dios cede y con un segundo empujón logro entrar al basurero que me recibe. No me preocupo por cerrar de nuevo la puerta rota. No me importa.
Tropiezo con más de una botella vacía que anda por el piso, busco equilibrio apoyándome en el televisor que quedo en una esquina y que hace más de un mes no enciendo. Me detengo esperando que este apartamento deje de moverse; o al menos que mi cuerpo se acostumbre al terremoto que siento. Doy unos pasos hasta la cocina. Sobre la mesa encuentro una botella con algo de líquido dentro, no sé lo que es, no lo averiguo, aún así, la llevo a mi boca y dejo que unos sorbos recorran mi garganta. Me apoyo sobre la mesa y el mantel que dejaste se desmorona por el piso, arrastro con él todo lo que estaba sobre la mesa. El sonido de cristales rotos no me asusta.
Me levanto con trabajo pero al ponerme de pie mi cabeza es ahora la que da tumbos y vuelvo a caer al piso. A rastras llego a la puerta del cuarto. Una de mis manos la empuja, choca contra la pared, delante de mí, esta nuestra cama. Cierro de una vez los ojos para no ver tu fantasma sobre la sábana estrujada. Y me duermo, sobre la losa fría que aún conserva el brillo de tu limpieza….